viernes, 19 de agosto de 2011

El tiempo no se pierde, se invierte en experiencia.

A lo largo de mi corta, pero al fin y al cabo vida, he pensado que todo lo que veía era cierto, que todo lo que pensaba era así, que todo lo que sentía era real... Pero me acabo de dar cuenta de un detalle; en muchas ocasiones, tendemos a creer lo que queremos creer. En nuestra mente, primero imaginamos, luego creamos, y al final, pensamos que lo tenemos. Como los colores de las pompas de jabón, ya sé que parece que no tiene mucho que ver, pero parece que están, pero realmente no están.
Yo de pequeña me pasaba horas en la bañera soplando suavemente a las burbujas de jabón, para que se moviese el agua, y cambiasen de color. Y para mí eso era mágico, algo increíble, porque no sabía el por qué, pero no me importaba, yo solo me fascinaba viendo como cambiaban de color. El problema está en que, a pesar de pasar y pasar los años, yo sigo queriendo reír viendo como cambian los colores de las burbujas de jabón, sin pensar por qué tienen colores, por qué cambian de color... Entonces creo que todo es así, que cuando pienso/veo algo es así, y acabo llevándome desilusiones de mi misma. Porque es como si me mintiese a mi misma. Sobre todo con mis sentimientos. La primera vez que noté como se aceleraba el corazón, fue con mi primer beso, y parece estúpido que lo esté escribiendo ahora mismo, pero me da exactamente igual. Doce años, una adolescencia por delante, miles de hormonas recorriendo mi cuerpo y otro "espécimen" en mi misma situación. Recuerdo como literalmente se me revolvió el estómago, de la emoción, por supuesto, el corazón se me iba a salir del cuerpo, las manos me sudaban y cuando terminé, me puse roja como un tomate. Y eso no era amor. Lo curioso, es que menos lo de ponerme roja, me sigue pasando, y si antes no era amor; ¿por qué iba a serlo ahora?. Era curiosidad, curiosidad la de una púber de doce años, que nunca había probado eso, pero se moría de ganas de probarlo. La misma curiosidad que la de una adolescente que queda drogada por una mezcla de placer visual/hormonal. Y claro que pasa entonces, que la niñata de diecisiete años cree que está enamorada o no se que mierda, hablando claro, y anda la tonta llorando por las esquinas, esperando en cada momento, en cada lugar, que el Don Juan aparezca y le sonría con esa sonrisa con la que la enana se quedó cegada el primer día que lo vió... Porque la gente, en cuanto empiezan a pensar en una persona, ya piensan que se han enamorado, y eso tendrá otra palabra, o mil palabras, cariño, afecto, deseo, atracción... pero no esa hermosa palabra, que encima está infravalorada, el verdadero amor, está infravalorado, quien de verdad ama, no teme, porque sabe que puede, no miente, simplemente, siente, lucha... A fin de cuentas, y en toda la extensión de la palabra, solo ama. Pero bueno, son las tres y media de la mañana y estoy delirando hoy un poquito, porque ya hacía muchísimo que no lo hacía e iba siendo hora. De lo que más me alegro es sólo de una cosa...

En muchas ocasiones acabas ganando más de lo que perdiste...

(3 de agosto)