sábado, 2 de noviembre de 2013

Catarsis emocional, máscaras y demás mierdas desordenadas.

Hoy me escribo a mi.

Jamás voy a entender, porque tendemos a complicarnos. Nos gusta recordar lo que ya no tenemos. Los recuerdos son importantes, el problema es la visión que cada uno tenemos de ellos. El sabor agridulce que nos producen. El sentirnos gilipollas... Adoramos sentirnos como auténticos subnormales.
Una, que ya ha jugado antes esta liga, se plantea muchas cosas.

Las decisiones que tomamos son, en un alto porcentaje, pura intuición. Y los seres humanos de eso sabemos mucho. Sin embargo, nos equivocamos con frecuencia. A veces creo que nuestro propio cerebro nos la juega, porque necesita darse de bruces contra el cemento para funcionar. Para seguir aprendiendo. Tendemos a querer lo que no podemos tener o lo que no debemos desear. Al sufrir, nos provocamos ese efecto placebo que tanto nos gusta. Digo placebo, porque pensamos que nos sentiremos tan vivos como en ese momento siempre. La catarsis emocional nos llega a todos, avisando con pequeños detalles que parecen no tener importancia. Y una nunca le da importancia a ciertos detalles. No porque no los vea. Más bien, porque es más fácil no tenerlos en cuenta. Siempre nos ha resultado muy complejo ser algo objetivos con nuestras propias mierdas. Intentando, una y otra vez, maquillar la realidad. Ironías de la vida, podríamos decir que, maquillamos nuestra propia máscara. 

Cuando cierro los ojos, me veo. Hay cosas que escuecen mucho. Otras son maravillosas. Cosas con las que convivo, pero que sólo salen a la luz cuando cierro los ojos y me miro. Ahí es cuando las veo. Cuando veo como realmente soy. Tan pequeña y frágil. Inconsciente de lo que realmente está pasando. Intentando negar sentimientos rechazados. Haciéndome entender que no debo, no puedo. Mintiéndome constantemente. Siempre me invade la vergüenza y la lástima, por ocultarme tras la máscara. Enfrentarme, me duele, pero me calma. Puede que sólo sea una simple forma de recordarme mi demencia.



N.


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