miércoles, 1 de octubre de 2014

Felicidad sinónimo de vida.

Felicidad es aquello que uno sacia sin darse cuenta. Trsitemente andamos buscándola, como el que busca la esencia de la existencialismo y así nunca la encontraremos. Leí un día una frase, escrita por el gran Punset, que decía algo como: "la felicidad es aquello que reside en la sala de espera de la misma". No era exactamente así, pero se entiende. El ser humano busca la felicidad, de la manera más pura o de la forma más sucia, pero la busca. Puede hacerlo bajo la capa de la tristeza, pero siempre con la esperanza de encontrarla. Y a eso se reduce. A una sola palabra, esperanza. Una iniciativa o inquietud a saber o a descubrir quienes somos, quienes queremos ser. La misma esperanza que mueve a fieles a la creencia de un Dios. Y buscamos ese estado, en nuestro estado más vulnerable, porque es mágico y efímero. Cuando lo conseguimos, no lo vemos hasta que se despide. Es el claro ejemplo de no saber lo que se tiene, hasta que se pierde. Y en ello reside gran parte de su encanto.
Me atrevo a decir que la felicidad convive en una constante entre nosotros. No la vemos, ni la valoramos, como si valoramos la tristeza, pero siempre está ahí. Es tan hermosamente rápida, que puede aparecer y desaparecer segundos antes de que lleguen las lágrimas y los lamentos porque ella no está. Mi teoría es, que no podemos medir la felicidad al mismo nivel que la tristeza. Ya que esta es un estado no constante, que pone al límite nuestras funciones vitales. Y nuestro cerebro, que tan sabio es (en lo que a memoria se refiere), recuerda acontecimientos anteriores del mismo calibre e intenta deshacerse de ella lo antes posible, prestándole especial atención y haciendo así, que se grave en nuestro cerebro y se valore de mayor forma que la felicidad (aunque como bien he dicho antes, es ahí cuando nos acordamos de ella). Quizás sea eso. Quizás nuestra constante sea la felicidad y los buenos momentos. Las risas con los amigos, las tardes musicales leyendo a algún grande, o follando como si nada más importase. Por ello creo que esa es la razón por la que no la encontramos. Porque siempre está. Porque únicamente nos acordamos de ella, cuando la nube de la tristeza se torna entre nosotros. En base a esto, debo darle también una gran importancia a la tristeza. Es ella la que se encarga de recordarnos la otra cara. La que nos enseñar a valorarla, a valorarnos. Nos ayuda a entender que la vida es eso que está en una constante, hasta que el dolor decide aparecer. Por lo cual, la felicidad es vida, y depende de lo que queramos exprimirla, será una vida con una u otras constantes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario