jueves, 24 de noviembre de 2011

El maravilloso viaje al paraíso.

Y entonces me senté y empecé a mirar a mi alrededor. Y vi que todo estaba lleno de vida. Las hojas remolineándo en una danza interminable, los pájaros jugando bajo la lluvia, el agua de la fuente, las nubes meciendo en el cielo, el viento acariciando cada poro de mi piel, alborotando suavemente mi pelo, dibujando los surcos de mi sonrisa... Y empecé a comprender a poetas, filósofos y locos... Lo que no conseguía entender era, por qué a las personas no les gustaba eso, o por lo menos eso parecía. La gente iba de aquí para allá corriendo, enganchados a sus móviles, paseados por sus perros, envueltos en un cúmulo de miedos, carencias e incomprensión... Y allí estaba yo, sentada, sumergida en esa nebulosa mágica de la que no quería despertar, refugiada en la naturaleza mientras ella me arropaba.

Porque algo tan sumamente sencillo, puede ser la cosa más delicada y hermosa que ven tus ojos y siente tu alma...


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miércoles, 14 de septiembre de 2011

Valores infravalorados

Y te paras a pensar, mientras el baso que sostenían tus lánguidos dedos, comienza a resbalar hasta que cae al suelo. Y ni el gran estruendo que forma consigue despertarte de tal horrible sueño, bueno, más que sueño, de tus recuerdos.

Empiezas a pensar en como eres, en como eras. Una mezcla de ilusa, creativa, soñadora, infantil, loca, independiente, pero dependiente, impaciente y con un pequeño toque de soberbia, orgullo, mezquindad y cinismo (yo lo suelo llamar justicia) que no favorece en absoluto a todo lo anterior. Y digo todo esto, porque estoy un poco cansada. Esa sensación en el pecho de algunos días que te levantas, como si te diesen un puñetazo y el hueco que deja no se ha rellenado al acostarte y te sientes tan vacía como cuando te levantaste. Siempre pienso que no es acertado culpar a otros, porque creo que no es muy probable que todo el mundo tenga la culpa, aunque quizás sea en parte un poco el mundo y en parte un poco yo, a saber. Pero lo que más gracia me hace, es que me he dado cuenta que hay días en los que me levanto con tanta fuerza, que la tierra se queda pequeñita a mi lado. Y que solo unas risas, unas caricias, unos cuantos mimos y arrumacos y un poquito de antención me hacen falta para amanecer así. Así que llegados a este punto del asunto y con mucho que me duela reconocerlo, tengo que decir que desde pequeña, tengo una puta carencia emocional y afectiva bastante grande.






lunes, 12 de septiembre de 2011

Hermoso y frío crepúsculo 2.0


Llueve.
Hace frío, pero sigo aquí. Unas pequeñas y lindas gotitas de agua salpican mis mejillas. Me gusta. Los pájaros juegan como locos entre la gélida tarde de invierno, al parecer no soy la única a la que le agrada bailar bajo la lluvia. El viento helado alborota mi pelo, lo siento en mi cuello. Que hermoso crepúsculo, perfecto y sencillo. Me siento tan bien, el tiempo parece no existir, ni los recuerdos, nadie, no hay nada, solo estoy yo, sentada en un pequeño banco en medio de una plaza, rodeada de árboles, escribiendo esto, feliz, relajada, maravillada por la perfecta naturaleza.

Egoísmo humano el que nos ciega, y nos niega poder ver que en las cosas más sencillas se encuentra lo más hermoso.


(Aunque del 2009, repito texto, por la sencilla razón de que fue uno de los pocos días en que a la vez que estaba tan cerca de la sociedad, estaba a kilómetros de ella, y en ese camino de magia y felicidad, tuve un agradable encuentro con la hermosa madre naturaleza)

viernes, 19 de agosto de 2011

El tiempo no se pierde, se invierte en experiencia.

A lo largo de mi corta, pero al fin y al cabo vida, he pensado que todo lo que veía era cierto, que todo lo que pensaba era así, que todo lo que sentía era real... Pero me acabo de dar cuenta de un detalle; en muchas ocasiones, tendemos a creer lo que queremos creer. En nuestra mente, primero imaginamos, luego creamos, y al final, pensamos que lo tenemos. Como los colores de las pompas de jabón, ya sé que parece que no tiene mucho que ver, pero parece que están, pero realmente no están.
Yo de pequeña me pasaba horas en la bañera soplando suavemente a las burbujas de jabón, para que se moviese el agua, y cambiasen de color. Y para mí eso era mágico, algo increíble, porque no sabía el por qué, pero no me importaba, yo solo me fascinaba viendo como cambiaban de color. El problema está en que, a pesar de pasar y pasar los años, yo sigo queriendo reír viendo como cambian los colores de las burbujas de jabón, sin pensar por qué tienen colores, por qué cambian de color... Entonces creo que todo es así, que cuando pienso/veo algo es así, y acabo llevándome desilusiones de mi misma. Porque es como si me mintiese a mi misma. Sobre todo con mis sentimientos. La primera vez que noté como se aceleraba el corazón, fue con mi primer beso, y parece estúpido que lo esté escribiendo ahora mismo, pero me da exactamente igual. Doce años, una adolescencia por delante, miles de hormonas recorriendo mi cuerpo y otro "espécimen" en mi misma situación. Recuerdo como literalmente se me revolvió el estómago, de la emoción, por supuesto, el corazón se me iba a salir del cuerpo, las manos me sudaban y cuando terminé, me puse roja como un tomate. Y eso no era amor. Lo curioso, es que menos lo de ponerme roja, me sigue pasando, y si antes no era amor; ¿por qué iba a serlo ahora?. Era curiosidad, curiosidad la de una púber de doce años, que nunca había probado eso, pero se moría de ganas de probarlo. La misma curiosidad que la de una adolescente que queda drogada por una mezcla de placer visual/hormonal. Y claro que pasa entonces, que la niñata de diecisiete años cree que está enamorada o no se que mierda, hablando claro, y anda la tonta llorando por las esquinas, esperando en cada momento, en cada lugar, que el Don Juan aparezca y le sonría con esa sonrisa con la que la enana se quedó cegada el primer día que lo vió... Porque la gente, en cuanto empiezan a pensar en una persona, ya piensan que se han enamorado, y eso tendrá otra palabra, o mil palabras, cariño, afecto, deseo, atracción... pero no esa hermosa palabra, que encima está infravalorada, el verdadero amor, está infravalorado, quien de verdad ama, no teme, porque sabe que puede, no miente, simplemente, siente, lucha... A fin de cuentas, y en toda la extensión de la palabra, solo ama. Pero bueno, son las tres y media de la mañana y estoy delirando hoy un poquito, porque ya hacía muchísimo que no lo hacía e iba siendo hora. De lo que más me alegro es sólo de una cosa...

En muchas ocasiones acabas ganando más de lo que perdiste...

(3 de agosto)



jueves, 24 de marzo de 2011

Silencio.

Las cuatro de la mañana, sentada en el sofá, mirando la "tele-tienda", porque ni la televisión tiene ganas de consolarme.

Y empiezo a pensar en cada instante, cada minuto gastado y en lo largos que se me hacen los minutos que no podré regalar. Porque cuando no piden besos y tu quieres darlos, te vas dejándote algo, porque ni tan si quiera saben que quieres regalarlos. Los puedes lanzar a aire, o dejarlos dentro, desmoronándose poco a poco, hasta que mueren... Y ya no sé si llorar o reírme por lo lúgubre que es todo esto. Una parte de mí desea irse, abandonarlo todo y dejar de pensar en lo que no me deja soñar, en lo que no puedo tener, y otra sigue guardando besos, por si algún día los pides. Y empiezo a mojar la almohada con los besos convertidos en lágrimas y los abrazos vacíos. Pero pienso que quien soy yo para pedirte besos, y para añorar abrazos que ni siquiera me has ofrecido. Luego empiezo a temblar, por el miedo a perder algo que no tengo, y a sollozar en silencio, porque no me han dado la oportunidad ni de intentarlo. Porque es triste pensar que estás tan lejos mientras acaricio cada centímetro de tu piel... Pero más triste es no poder amar, por miedo a perder besos prestados...

Son las cuatro y cuarto de la mañana y no paro de beber cerveza y fumar como una posesa, mientras noto como el frío entumece cada poro de mi piel, pero ya da igual, ya nada importa. Son las cuatro y cuarto de la mañana, y siento que no estás y que nunca estarás, pero la culpa fue mía por saber que venía el lobo y yo estaba encantadísima de que me mordiese.


Veneno a modo de bálsamo. Navaja de doble filo...