jueves, 24 de noviembre de 2011

El maravilloso viaje al paraíso.

Y entonces me senté y empecé a mirar a mi alrededor. Y vi que todo estaba lleno de vida. Las hojas remolineándo en una danza interminable, los pájaros jugando bajo la lluvia, el agua de la fuente, las nubes meciendo en el cielo, el viento acariciando cada poro de mi piel, alborotando suavemente mi pelo, dibujando los surcos de mi sonrisa... Y empecé a comprender a poetas, filósofos y locos... Lo que no conseguía entender era, por qué a las personas no les gustaba eso, o por lo menos eso parecía. La gente iba de aquí para allá corriendo, enganchados a sus móviles, paseados por sus perros, envueltos en un cúmulo de miedos, carencias e incomprensión... Y allí estaba yo, sentada, sumergida en esa nebulosa mágica de la que no quería despertar, refugiada en la naturaleza mientras ella me arropaba.

Porque algo tan sumamente sencillo, puede ser la cosa más delicada y hermosa que ven tus ojos y siente tu alma...


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