miércoles, 14 de septiembre de 2011

Valores infravalorados

Y te paras a pensar, mientras el baso que sostenían tus lánguidos dedos, comienza a resbalar hasta que cae al suelo. Y ni el gran estruendo que forma consigue despertarte de tal horrible sueño, bueno, más que sueño, de tus recuerdos.

Empiezas a pensar en como eres, en como eras. Una mezcla de ilusa, creativa, soñadora, infantil, loca, independiente, pero dependiente, impaciente y con un pequeño toque de soberbia, orgullo, mezquindad y cinismo (yo lo suelo llamar justicia) que no favorece en absoluto a todo lo anterior. Y digo todo esto, porque estoy un poco cansada. Esa sensación en el pecho de algunos días que te levantas, como si te diesen un puñetazo y el hueco que deja no se ha rellenado al acostarte y te sientes tan vacía como cuando te levantaste. Siempre pienso que no es acertado culpar a otros, porque creo que no es muy probable que todo el mundo tenga la culpa, aunque quizás sea en parte un poco el mundo y en parte un poco yo, a saber. Pero lo que más gracia me hace, es que me he dado cuenta que hay días en los que me levanto con tanta fuerza, que la tierra se queda pequeñita a mi lado. Y que solo unas risas, unas caricias, unos cuantos mimos y arrumacos y un poquito de antención me hacen falta para amanecer así. Así que llegados a este punto del asunto y con mucho que me duela reconocerlo, tengo que decir que desde pequeña, tengo una puta carencia emocional y afectiva bastante grande.






lunes, 12 de septiembre de 2011

Hermoso y frío crepúsculo 2.0


Llueve.
Hace frío, pero sigo aquí. Unas pequeñas y lindas gotitas de agua salpican mis mejillas. Me gusta. Los pájaros juegan como locos entre la gélida tarde de invierno, al parecer no soy la única a la que le agrada bailar bajo la lluvia. El viento helado alborota mi pelo, lo siento en mi cuello. Que hermoso crepúsculo, perfecto y sencillo. Me siento tan bien, el tiempo parece no existir, ni los recuerdos, nadie, no hay nada, solo estoy yo, sentada en un pequeño banco en medio de una plaza, rodeada de árboles, escribiendo esto, feliz, relajada, maravillada por la perfecta naturaleza.

Egoísmo humano el que nos ciega, y nos niega poder ver que en las cosas más sencillas se encuentra lo más hermoso.


(Aunque del 2009, repito texto, por la sencilla razón de que fue uno de los pocos días en que a la vez que estaba tan cerca de la sociedad, estaba a kilómetros de ella, y en ese camino de magia y felicidad, tuve un agradable encuentro con la hermosa madre naturaleza)