viernes, 15 de junio de 2012

Fragmenta los fragmentos.



        Miles de luces bajo un manto lluvioso, maravilla imperceptible para algunos. ¿Y me preguntáis que cómo me puedo fijar en los colores que se forman en una pompa de jabón? Porque sin pinceladas nunca se hizo un cuadro.

        Me he dado cuenta de que cuando se es pequeño te fijas en cada detalle, porque todo te parece nuevo, mágico e imposible. He visto niños soñando mientras olían una flor, hablándoles al mar o llorando porque su madre no le dejaba tener una hormiga como mascota. ¿Y me preguntáis por qué me parecen tan fascinante los niños? Quizás porque soy como ellos. O quizás también porque nadie suele valorar la pureza mental y el alma de un niño. Los niños, esos pequeños gigantes a los que nadie toma en serio, han hecho hacerme llegar a la conclusión de que el problema aquí, en el mundo de los "mayores", es que nadie es mayor. Miedo, hostilidad y mentiras es lo que hace falta para entrar y ser uno más en ese mundo. ¿Y luego me preguntáis que por qué tengo miedo a crecer o a cumplir años? No, perdonadme, a mi me encanta crecer y cumplir años. Me parece que esa es la esencia más pura y reconfortante que nos puede ofrecer la vida. Crecer. Para poder sentir cada minuto y para poder aprender y recordar cada instante. Lo que me asusta es que siento que cada día me va a ser más difícil vivir en una sociedad en la que se rompen sueños y se construyen mentiras. Porque hoy en día el cazador no mata para comer, sino para intentar hallar en el dolor lo que nadie le enseñó nunca en el amor. 


Srta. prolija.








N.